
¿Marzo aprieta por igual a todos? Ésa es, en el fondo, la pregunta que conviene hacerse cuando comienza el año escolar, vuelven los gastos habituales y los hogares deben reorganizar su presupuesto en pocas semanas. En Chile, marzo no es sólo un mes de retorno a la rutina; es también una prueba de esfuerzo para la economía doméstica. Y, como muestran los datos de GPS Ciudadano, marzo debe leerse menos como un episodio puntual del calendario y más como un espejo de la desigualdad cotidiana.
A partir de los datos del último GPS Ciudadano, analizamos cómo esta «cuesta de marzo» no afecta a todos por igual, revelando profundas brechas de vulnerabilidad y estrategias de adaptación diferenciadas.
- El termómetro de la preocupación: Un Chile en alerta
Para iniciar el análisis es fundamental constatar que la percepción de riesgo financiero no es marginal, sino que constituye la visión predominante de la ciudadanía. Específicamente, el 64,9% de los encuestados manifiesta una preocupación activa, declarando que los gastos del mes serán muy altos y que no se encuentran preparados para cubrirlos. Este dato establece una base de vulnerabilidad compartida por casi dos tercios de la población encuestada, donde la incertidumbre sobre la capacidad de pago supera con creces a la sensación de seguridad financiera.
Si bien esto revela una preocupación mayoritaria a nivel país, surge la pregunta si esta angustia se distribuye de forma equitativa o si responde a variables estructurales del hogar y el nivel socioeconómico (GSE).

Fuente: GPS Ciudadano Febrero 2026, n=1293.
Al profundizar en esta cifra, observamos que la preocupación mayoritaria detectada en el Gráfico 1 se intensifica en ciertos segmentos, revelando dos brechas críticas que agudizan la vulnerabilidad:
- La brecha del tamaño del hogar: La preocupación escala de manera importante según el número de integrantes del hogar. Mientras en hogares de 1 a 2 personas la inquietud es del 51,7%, en familias de 5 o más personas esta cifra se dispara al 84,6%, marcando una diferencia de 33 puntos porcentuales, siendo esta diferencia estadísticamente significativa.
- La brecha socioeconómica: El nivel de ingresos es el predictor más crudo de la seguridad. El 82,4% de las personas del GSE Bajo (D+E) manifiesta preocupación, frente a solo un 42,8% del GSE Alto (AB+C1a). En este último grupo, la mayoría (57,2%) afirma no tener preocupaciones importantes, una realidad inexistente en los estratos más bajos.

- El mapa de los nudos financieros: ¿Dónde aprieta el zapato?
Una vez establecido quiénes son los más preocupados, indagamos en los ítems específicos del presupuesto de marzo que generan este estrés financiero. A nivel general, el Permiso de Circulación lidera las preocupaciones con un 59,3%, seguido de cerca por las Matrículas y Aranceles Escolares (43,6%). Este resultado muestra que los gastos asociados a la movilidad y a la educación son los dos grandes motores del desbalance presupuestario del mes.

No obstante, el «gasto crítico» cambia radicalmente según el ciclo de vida y la composición de cada familia, lo que obliga a mirar el impacto de estos cobros bajo la lupa del número de integrantes. A mayor tamaño del grupo familiar mayor es la preocupación en todo lo relacionado con la escolaridad. En cambio, en los hogares de menor tamaño, al no tener la presión escolar como eje central, la preocupación se desplaza hacia la propiedad, destacando el pago de contribuciones como su principal escollo financiero.

III. Estrategias de supervivencia: Del ahorro al círculo cercano
Pero ¿cómo, finalmente, logran los hogares cerrar el mes de marzo? Las herramientas de pago disponibles son el reflejo final de la desigualdad. La mayoría de los encuestados intenta recurrir principalmente a sus ahorros o fondos propios (38,7%), pero un volumen casi idéntico depende del sistema financiero, “bicicletea” utilizando tarjetas de crédito o créditos de consumo (35,1%). Así, el endeudamiento aparece como la estrategia espejo del ahorro.

Sin embargo, el acceso a estas estrategias de pago no es universal. El uso del sistema bancario versus el apoyo informal depende estrictamente de la posición en la escala socioeconómica. Aquí se observa la cara más invisible de la brecha económica: Mientras en el GSE Alto lidera el uso de tarjetas y créditos (48,0%), utilizando el sistema bancario para amortiguar el mes, el GSE Bajo, al tener barreras de acceso al crédito formal, recurre masivamente a préstamos de familiares o amigos (21,6%), una cifra que es cinco veces superior y significativo a la del GSE Alto. Este grupo depende de la solidaridad de su red primaria para “pasar marzo”.

- La sensación térmica: ¿Un marzo históricamente más pesado?
Finalmente, quisimos indagar en cómo comparan las personas encuestadas este marzo respecto a su memoria de años anteriores. El panorama no es muy alentador: Un 44,1% afirma que la presión de este marzo será mayor que otros años, mientras que un 39,6% la sitúa en un nivel similar. La percepción de un escenario «peor que antes» es la visión dominante.

Esta sensación de agobio no impacta de la misma forma a hombres y mujeres. Las mujeres reportan una presión significativamente superior (46,9%) frente a los hombres (40,9%), reflejando posiblemente su rol como administradoras directas del presupuesto doméstico bajo estrés. Por otro lado, en el nivel socioeconómico bajo (D+E), el 54,2% anticipa que este marzo será más duro que los anteriores. En contraste, en el nivel socioeconómico alto, sólo un 26% comparte esa visión, predominando la idea de que es un año «similar» (54,6%). Para el sector alto, marzo es una rutina cara; para el sector bajo, es una crisis que se profundiza respecto del año anterior.

En suma, los datos expuestos por este GPS Ciudadano confirman que marzo no es simplemente un hito administrativo en el calendario nacional, sino una ventana privilegiada a las brechas preexistentes en la sociedad chilena. La aparente normalidad del «regreso a la rutina» esconde realidades radicalmente distintas: mientras para los sectores de mayores ingresos el mes se sortea mediante una planificación financiera bancarizada, para las familias de estratos bajos y hogares numerosos, marzo representa un estado de vulnerabilidad crítica que obliga a activar redes de auxilio informal.
La percepción mayoritaria de que la presión económica es hoy superior a la de años anteriores (especialmente marcada en mujeres y sectores populares) nos habla de una resiliencia doméstica que está permanentemente al límite. En definitiva, en el país, la «cuesta de marzo» no se sube ni con el mismo equipo ni por la misma ladera. Quizás si pusiéramos más atención a estas diferencias, unos y otros podrían entender mejor los conflictos sociales que permanecen latentes en la sociedad chilena y, así, verlos venir antes de que estallen frente a nuestros ojos.
Ficha Técnica
- Diseño de investigación: Estudio cuantitativo no probabilístico. Encuesta online vía correo electrónico
- Universo: Personas de 18 años y más que poseen un correo electrónico.
- Marco muestral: Base de datos de aproximadamente 1.000.000 de correos electrónicos de personas que habitan en el territorio chileno.
- Muestra: 1.293 entrevistas web.
- Ponderación: Ajuste post-encuesta considerando Región, Sexo, Edad, Nivel educacional, GSE, Tipo de vivienda y Cantidad de miembros del hogar (Hogares unipersonales). Los parámetros poblacionales de Región, Sexo y Edad fueron obtenidos las proyecciones de población para el 2025 realizadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Los parámetros de nivel educacional, GSE y Tipo de vivienda provienen de la base de datos de encuesta CASEN 2022, utilizando el factor de expansión regional. El parámetro de hogares unipersonales utilizado proviene del CENSO 2024.
- Tasas de contacto: 14,3% (corresponde a la proporción de correos abiertos respecto de los enviados)
- Tasa de respuesta: 5,5% (corresponde a la proporción de encuestas respondidas sobre el total de correos abiertos)
- Método de muestreo: Muestreo aleatorio simple sobre marco muestral disponible.
- Periodo de terreno: 16 al 24 de Febrero de 2026.


