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El Festival como espejo: interés, distancia y evaluación en el Chile actual

Por décadas el Festival de Viña del Mar ha sido, al mismo tiempo, un espectáculo televisivo y un ritual cultural con el que simbólicamente se cierra el verano ¿Sigue siendo así? ¿Es el festival capaz de convocar transversalmente al país o se ha convertido en una experiencia segmentada, generacional y territorialmente diferenciada?

Ésas son las preguntas que quisimos examinar en esta edición del GPS Ciudadano. Analizamos cinco dimensiones: interés en el Festival, relevancia cultural que las personas le asignan, conocimiento sobre los artistas invitados a esta edición, modalidad mediante la cual se sigue el festival y una evaluación comparativa con años anteriores. Luego cruzamos estas variables por sexo, edad, nivel socioeconómico y zona geográfica. A continuación presentamos los resultados donde se observaron las diferencias más significativas.

1. Interés: una brecha generacional y territorial

En un ecosistema mediático fragmentado, donde la oferta de contenidos es prácticamente infinita, que un evento cultural convoque el interés de tres de cada diez personas no es trivial. En esta medición, el 25.1% de los encuestados declara “algo de interés” y el 3% “mucho interés” en el Festival de Viña. Es decir, cerca de un 28% mantiene algún nivel de disposición positiva hacia el Festival 2026.

Por lo tanto, al cumplirse la versión número 65 del Festival, éste sigue siendo un hito relevante para la población del país. Al mismo tiempo, el otro lado del dato también importa: Poco interés (36.7%) y ningún interés (35.2%) suman más de siete de cada diez respuestas. Es decir, el Festival moviliza, pero no mayoritariamente. Cabe preguntarse entonces ¿quiénes son esas personas cuya atención sí es captada por el Festival?

Cuando segmentamos emergen patrones nítidos. La edad explica diferencias estadísticamente significativas (p < 0.001). Específicamente, el grupo de 18–34 años concentra niveles de interés superiores a los tramos de mayor edad. Y el menor interés se concentra en los tramos de 55 o más años de edad. Asimismo, encontramos diferencias significativas por sexo (p < 0.01). Las mujeres declaran mayor interés que los hombres. Finalmente, es en la Región Metropolitana donde el interés es mayor.

2. Relevancia: más que entretenimiento

Cuando se pregunta a los encuestados por la relevancia del evento, aparecen diferencias claras por edad y territorio. El tramo de 18-34 años es el que más tiende a calificar el Festival como un evento relevante (42,5% “bastante relevante” y “muy relevante”). En el otro extremo, entre las personas de 55 o más años concentra sólo un 12,8%, con 58.4% calificándolo como “poco relevante”. Los detalles se resumen en la Tabla 1.

Tabla 1 – Relevancia por edad, sexo y RM. Porcentajes ponderados.

3. Conocimiento: capital cultural y ciclo de vida

El conocimiento de artistas y participantes ofrece un indicador indirecto del vínculo con el evento. En este aspecto, la edad vuelve a marcar diferencias significativas. El tramo adulto joven (18–34) muestra menor proporción de desconocimiento de los artistas invitados al festival. También se observan diferencias por sexo, con hombres declarando mayor desconocimiento (19,6%) que mujeres (10%). En cambio, el GSE no muestra diferencias significativas, por lo tanto, no se observan diferencias de conocimiento por estratificación económica (por ejemplo, el total desconocimiento de los artistas de esta versión varía entre 14 y 18% en todos los estratos). El capital simbólico aquí parece más asociado al ciclo de vida que al ingreso.

4. Modalidad de seguimiento: televisión abierta versus desconexión

Pero no todos los que siguen el Festival de Viña lo hacen del mismo modo. Al respecto, la edad introduce un patrón claro. El streaming es más frecuente en el grupo de 18–34 años y prácticamente marginal en mayores de 55. En cambio, la proporción que declara no verlo aumenta con la edad y también es mayor entre hombres que entre mujeres. Por lo tanto, el Festival, no solo se evalúa distinto, también se consume distinto.

5. Evaluación comparativa: el consenso crítico

Por último, quisimos indagar en la evaluación temporal del evento preguntando si esperaban que la versión actual del Festival fuese peor, igual o mejor que las anteriores. En el total, domina una evaluación negativa, pero al segmentar por interés en el Festival aparece un patrón claro.

Entre quienes declaran ningún o poco interés, la crítica es abrumadora: 77% califica esta edición como “peor”, 21% como “igual” y solo 3% como “mejor”. En cambio, entre quienes declaran algo o mucho interés, la evaluación sigue siendo predominantemente negativa, pero es menos severa: 58% responde “peor”, 32% “igual” y 10% “mejor”.

En suma, la percepción crítica no desaparece al mirar subgrupos, pero no es completamente transversal. La evaluación del Festival está fuertemente estratificada por el vínculo subjetivo con el evento: quienes tienen bajo interés concentran el juicio más duro, mientras que quienes están más interesados tienden a distribuirse más entre “peor” e “igual”, y muestran una fracción mayor que lo evalúa como “mejor”.

6. ¿Qué nos dicen, en conjunto, estas cinco dimensiones?

Primero, que el Festival no ha desaparecido del mapa cultural. Cerca de tres de cada diez personas declaran algún nivel de interés. Tan importante como lo anterior es que es precisamente entre adultos jóvenes (y habitantes de la Región Metropolitana) donde el Festival es más popular. No es un entusiasmo mayoritario de la población, pero tampoco es una preferencia marginal ni de nicho. En un entorno de consumo cultural fragmentado, esa base de atención es muy significativa.

Segundo, que ese vínculo no está distribuido de manera homogénea. Edad, sexo y territorio introducen diferencias claras en interés, relevancia y modalidad de consumo. El Festival convoca más a ciertos segmentos y menos a otros. Se sigue por distintas vías. Se valora de forma distinta. La experiencia del Festival, por lo tanto, no es uniforme.

Y tercero, que existe una convergencia crítica que atraviesa esas diferencias. Si bien, la evaluación comparativa es mayoritariamente crítica, incluso entre quienes declaran interés en el Festival, dicha crítica no elimina el vínculo, sólo lo tensiona. No estamos frente a indiferencia pura, sino ante una relación ambivalente.

En suma, los datos sugieren que el Festival de Viña, entonces, opera como un espejo de la sociedad chilena y tiene vida para rato. Pero no se trataría de un espejo plano y homogéneo que devuelve una imagen única del país; más bien sería un espejo que refleja distintas posiciones sociales frente a un mismo ritual cultural: mayor conexión en algunos grupos, distancia en otros, y una evaluación exigente casi transversal.

Por lo anterior, puede decirse que el Festival revela más que divide. Revela cómo hoy se distribuye el interés cultural, cómo se consumen los espectáculos masivos y cómo se evalúan instituciones simbólicas que marcan el ritmo del final del varano chileno desde hace seis décadas.

Si durante gran parte de esos años el Festival fue un ritual compartido casi sin fisuras, hoy parece ser un termómetro más fino: no mide solo entusiasmo, sino también expectativas, distancia y juicio crítico. Es más complejo. Propio de una sociedad que es hoy más compleja. Y en ese reflejo, lo que vemos no es solo un espectáculo. Vemos la transformación de una experiencia cultural única por su resiliencia en una sociedad más segmentada y exigente.

Ficha técnica

Diseño de investigación: Estudio cuantitativo no probabilístico. Encuesta online vía correo electrónico

– Universo: Personas de 18 años y más que poseen un correo electrónico.

– Marco muestral: Base de datos de aproximadamente 1.000.000 de correos electrónicos de personas que habitan en el territorio chileno.

– Muestra: 943 entrevistas web.

– Ponderación: Ajuste post-encuesta considerando Región, Sexo, Edad, Nivel educacional, GSE, Tipo de vivienda y Cantidad de miembros del hogar (Hogares unipersonales). Los parámetros poblacionales de Región, Sexo y Edad fueron obtenidos las proyecciones de población para el 2025 realizadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Los parámetros de nivel educacional, GSE y

– Tipo de vivienda provienen de la base de datos de encuesta CASEN 2022, utilizando el factor de expansión regional. El parámetro de hogares unipersonales utilizado proviene del CENSO 2024.

– Tasas de contacto: 13,19% (corresponde a la proporción de correos abiertos respecto de los enviados)

– Tasa de respuesta: 5,12% (corresponde a la proporción de encuestas respondidas sobre el total de correos abiertos)

– Método de muestreo: Muestreo aleatorio simple sobre marco muestral disponible.

– Periodo de terreno: 16 al 23 de Febrero de 2026.

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